lunes, 15 de julio de 2013

¿Argumentos morales para un mundo sin consenso ético?

En el mundo (mundillo) liberal/libertario siempre han existido cismas entre grupos que justifican su defensa de las ideas de la libertad en bases diferentes. Aunque hay muchas clasificaciones, hay una que es bastante englobadora: la que nos divide en Iusnaturalistas (o deontologistas) y Utilitaristas (o consecuencialistas). Creo que las razones que lo hacen a uno liberal son de índole personal y dan poca sustancia para un debate. Pero aunque el movimiento liberal/libertario es rico en convicciones, ha demostrado ser relativamente pobre en capacidad de persuasión. Y vale la pena preguntarse, ¿cómo comunicamos mejor nuestras ideas? ¿Cómo convencemos a los demás de los méritos de la libertad como valor político fundamental? ¿Es mejor hacerlo desde una perspectiva iusnaturalista, o utilitarista?

Sin duda, apoyar a una no signfiica excluir a la otra. Mas en la complementariedad, ¿cuál debe primar? ¿Cuál debe ser más fuertemente enfatizada? ¿Cuál es más eficiente a la hora de convencer? Yo me debato en este punto, no me parece fácil. Creo que es cuestión de experimentar a fin de identificar cuál approach es mejor para el interlocutor. Pienso que lo que llamamos 'liberales intuitivos' son más fácilmente convencibles con argumentos éticos. Sin embargo, la tarea es más difícil cuando se trata de persuadir al estatista convencido. ¿Cómo se logra esa proeza?

El blogger Al Verdi de QueNoTePisen.net cree fervientemente que los argumentos morales son superiores a los utilitarios. Yo tiendo al disenso. El principio más conocido y compartido en el mundo liberal es el Principio de No Agresión, tal como fue enunciado por Murray Rothbard (googlearlo si no se conoce). Y como pitch de ventas lo encuentro espectacular, porque es una gran síntesis de valores que muchas culturas comparten y por tanto es fácil de comunicar. Pero no pasa de ser una propuesta ética, necesariamente imperfecta. No es una conclusión del estudio de la Acción Humana, como pretende Hans Hermann Hoppe. No puede ser leído como un axioma, como también pretende Stefan Molyneux, porque no está libre de contradicciones internas y de problemas de puesta en práctica a los que no brinda soluciones. Y como bien dice Brink Lindsey, por suerte o por desgracia la vida es más complicada que el principio de no agresión.

Aún más importante es que aunque la gente suele compartir muchos valores morales, también suele disentir mucho respecto a los mismos. Usualmente una persona puede sostener valores morales contradictorios, o estos se pueden contradecir con su práctica. Esto sucede porque muchas veces los incentivos vencen a la moral. También porque muchos de esos valores que vemos como inmorales, ellos los perciben de forma contraria. ¿Por qué? Porque los evalúan según sus supuestos resultados. Por ejemplo, los socialistas creen realmente en la explotación, y creen que la intervención estatal en favor del trabajador es moral porque repara un mal histórico. Los mercantilistas y desarrollistas creen que el proteccionismo es bueno porque reduce la pobreza y crea más oportunidades para todos los de un territorio determinado, es decir, creen que es más moral.

Yo mismo, siendo liberal, siento escalofríos cuando escucho a alguien decir: "Incluso si yo supiera que el liberalismo no trae los buenos resultados sociales que trae, lo preferiría. Prefiero la libertad aunque no traiga responsabilidad, ni reducción de la pobreza, ni más paz." Perdón, pero en esto tengo que declararme fuertemente utilitarista... o simplemente que mi código ético apunta a lo que trae mayor bienestar a la mayor cantidad de personas lo más duraderamente posible. Si uno pudiera concluir razonablemente que algún paradigma socialista traería esa situación, lo apoyaría. Y lo digo con orgullo. Afortunadamente podemos dejar las hipótesis y volver a la realidad, y la realidad es que el enfoque utilitario me llevó al liberalismo y no me ha sacado de ahí. De hecho, he visto a muchos estatistas hacerse liberales o al menos abrirse a cierta afinidad hacia el liberalismo al oír argumentos utilitarios.



Con lo cual llegamos a la problemática, en mi opinión evidente, de que no existe tal cosa como el objetivismo ético. No podemos encontrar una "verdad ética" ni en los libros de Rothbard, ni en los de Rand, ni en los de Marx, ni en los supuestamente escritos por Dios. Al final no hay lugar a donde ir a comprobar lo que uno 'debe hacer' o lo que es 'bueno'. La verdad incómoda es que la moral es estrictamente subjetiva. Lo que es bueno para unos es malo para otros. Que lo que unos consideran injustificable otros lo consideran justificable y viceversa. Que nos condicionemos unos a otros no significa que, en última instancia, seamos nosotros los que conformemos nuestro código ético, consciente o insconscientemente. Y ante esta realidad encuentro mucho más productivo y eficaz encontrar los objetivos en común que comparten distintos grupos y señalar cuáles son los caminos más eficientes y menos riesgosos para alcanzar esos objetivos. Tanto el liberal como el estatista promedio quieren mayor bienestar para la mayor cantidad de personas, además de un sistema político que sea justo. Donde el liberal lleva ventaja y mayor poder de convencimiento, en mi opinión, es en mostrar las debilidades del pensamiento estatista y las fortalezas del liberal. Mostrar que con métodos liberales se llega mucho más fácilmente a los objetivos del socialista.

No quito que el discurso ético sea una gran herramienta para complementar esto. No hay duda de que el iusnaturalismo liberal es pujante, ha convertido a muchos, y ha mantenido el movimiento bien unido a pesar de los fracasos. Pero para mí llega a callejones sin salida mucho más rápidamente que el discurso pragmático. Incluso si se sostiene que hay una ética derivada de estudio de la realidad (como intenta demostrar Hoppe) esto es MUCHO más difícil de explicar que los méritos utilitarios de la libertad.



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